Con 70 películas colombianas estrenadas al año ¿Cuántas pudiste ver en cine, en streaming, en una proyección en tu municipio? ¿Cuáles recuerdas y sigues conversando con amigos? si la respuesta son solo 2, debemos reconocer que parte del problema de la exhibición no es solo la dificultad de llegar a salas, sino también que las historias contadas en nuestro cine no se piensan para el público colombiano.

Si Cine Colombia distribuye películas colombianas durante todo el año, ¿Por qué fue Un Poeta un éxito en la audiencia y no Malta? distribuida por ellos mismos que poseen el poder de crear éxitos de taquilla en sus propias pantallas. ¿Cómo es posible que una opera prima como Llueve Sobre Babel pasara de boca en boca y ahora organice a su propio público para solicitar salas en territorios que inicialmente no les habían dado?. Ante los problemas de distribución que existen en el país, la historia y la forma en la que se narra determinan la conexión que el público pueda tener con una película taquillera en salas o estrenada en Youtube como La Gorra.

En Latinoamérica los sueldos de muchos trabajadores se va en arriendo, comida, aseo, ropa y gastos varios para el hogar. De ultimo queda el dinero para el entretenimiento, un rubro de un gran espectro de actividades de entre las cuales ir el cine no es la más barata (a veces ni dinero queda para consumo cultural). Si alguien con todas esas dificultades aún asiste al cine y elige una película colombiana, esa obra pasa de ser una pieza de arte enmarcada en miles de significados a ser una prueba que determinará si a aquella persona, junto a toda su familia, le dará la oportunidad a una futura película colombiana o si en cambio (como ha pasado por 13 años, gracias FDC) no la entenderá, se dormirá y sentirá que el poco dinero que le quedaba para entretener a su familia fue desperdiciado.

La industria del largometraje en Colombia se adapta al contexto que hay en su momento: entre el cierre de FOCINE y el inicio del FDC la ley eran los inversores y recuperar ganancias con la taquilla lo que cada autor y productor debía tener presente para hacer realidad su obra. Una vez fue despegando el Fondo para el Desarrollo Cinematográfico hasta la fecha actual las historias se piensan para jurados, una elite cultural con conocimiento en la historia del cine a años luz de lo que lo estaría mis familiares y vecinos. Los últimos años el cine colombiano no solo ganar fondos es lo esencial, sino que es el jurado internacional la verdadera audiencia de los autores del país al ser el cine colombiano aplaudido si trae uno de los tantos premios más importantes del mundo a casa.

Pasar de buscar la rentabilidad económica con la audiencia colombiana a buscar la aprobación de jurados extranjeros dejó a los habitantes del país nutriéndose de los estrenos extranjeros que todas las salas exhiben, lo que Netflix les llevaba a sus casas y lo que los algoritmos de las nuevas redes sociales les brindaban. Con esta desconexión tan profunda entre cine colombiano y los colombianos, cualquier obra estrenada es un paso adelante o atrás en la lucha por enamorar a tantos colombianos que sienten que su cine no los representa. En cada escena escrita, en cada montaje realizado, en cada proyección y en cada contenido de marketing lanzado yace el camino para reconciliar a los autores con la audiencia, unir el país bajo su propio cine y exportar historias locales, no narrativas hechas a la europea.