Las historias que más se atesoran son las propias: en la casa de uno, el rincón de la biblioteca que más valor tiene es donde se guardan los álbumes familiares. En cada casa hay fotos, libros, discos duros, casetes y filminas sobre los viajes familiares, vacaciones, paseos de pareja de los padres, primeras comuniones, cumpleaños y los rostro de parientes que no se encuentran con nosotros. Estas historias son las de la familia, ninguna persona va a atesorar las fotos y videos del vecino, mucho menos de un extraño que no conocen. Siendo así, ¿por qué estamos acostumbrados a preferir la música, el cine, la pintura, el diseño, las ideas, las modas y las narrativas extranjeras? o para no culparnos a nosotros los consumidores, ¿Quiénes nos convencieron de que eso era lo mejor? ¿porqué el arte local no nos genera esa misma conexión?
Muchas veces, cuando describo la trayectoria de nuestros proyectos, me sorprende como los prejuicios culturales aparecen desde el fondo de mi mente, haciéndome creer que 1 proyección de un corto nuestro en España, Nueva York, Alemania o Londres tiene más renombre que 11 proyecciones en el Valle del Cauca. Que tiene más merito la película de algún compañero en Los Ángeles que las nuestras en Yumbo y Buga. Cuando tomo referencias para nuevos proyectos, una película en habla inglesa inmediatamente llega a mi mente, pero me toma mucho más tiempo pensar en aquella referencia de entre las películas colombianas que he visto. Es como si, por defecto, estamos programados para pensar que la grandeza cultural está en el norte global, y entre más nos parezcamos a ellos más reconocidos seremos.
Esto, como cualquier otra cosa en este sistema social (capitalista, post colonial, neo liberal o cualquier nombre que quiere ponerle) no es casualidad, es diseño. El bombardeo cultural facilitado por las fronteras abiertas que nos obligan a tener, en complicidad con nuestros políticos, nos convenció de que lo que está en ingles es el mundo, y lo hecho en español es de nicho, aunque seamos más de la mitad del continente. La tecnología solo ha facilitado el control de nuestros ojos y los algoritmos a promover solo sus contenidos, tanto que ahora un pop es «mainstream» y una cumbia es de «nicho», si un latino se inspira de un gringo es plagio pero si un gringo se copia del latino es mejorar la obra, y si alguien menciona historia del arte, nuestras obras no pertenecen a ese lugar.
Aunque esto parezca una condena de muerte para cualquier artista Colombiano, en realidad hay que ver como, con estos prejuicios implantados en nosotros, somos capaces de desprogramarnos para preferir las historias locales. En Colombia muchos géneros musicales mueven masas, la televisión es un creador de referencias para jóvenes y adultos, tenemos películas que mueven miles de personas así como hay diseños que solo nuestros paisajes y colores pueden inspirar. Hay mucha cultura que combate esa programación globalista que hay en cada consumidor, solo que a veces, como artistas, esa cultura no es la que queremos hacer.
Hablando específicamente en el cine, desde Gustavo Nieto Roa pasando por Dago García hemos descubierto un cine que en verdad mueve masas y genera industria. Aún así los artistas en vez de tomar nota y mejorar aquella formula desde nuevas visiones, se dedican a hablar mal de ellos y a copiar a los extranjeros, a hacer cualquier cosa por aprobación del «mundo» entero y no de su país. Cuando un artista acostumbrado a realizar obras artísticas se arriesgó a crear una comedia sin muchas pretensiones, los cines en Colombia se llenaron de colombianos felices de ver «Un Poeta», su personaje se volvió viral y en boca de todos estuvo un estreno local, algo que desde hace rato no veíamos. Entonces, ¿realizamos el cine que nos de aplausos en el exterior o hacemos el cine que le guste a los colombianos?

Rodaje ¿Qué hacer en Yumbo? – 2021 – La historia más «pequeña» que más nos ha dado de que hablar, una estética Colombiana que nace de vivir aquí y dejar de copiar lo ajeno.
