En Colombia hay un manual básico no hablado en la distribución de largometrajes, un ABC que nace de la observación y repetición, confirmada por la lógica de las cifras que cada año arroja Cine en Cifras, los números del Cadbox y la naturaleza centralista del país: Las película deben ser estrenadas en capitales. Tal como uno creería Bogotá concentra la mitad de las personas que ven cine en el país. Luego le sigue Medellín con un cuarto, luego Bucaramanga, Cali, Barranquilla y siguen todas las capitales de departamento. La lucha de cada distribuidora está en asegurar las salas de aquellas ciudades y la mayor cantidad en la capital, pero año tras año la asistencia a ver cine colombiano baja, más películas se estrenan y menos dinero recibe cada una siendo 3000 espectadores un éxito rotundo en un país de 53 millones de habitantes.
¿Dónde radica el problema?, ¿en que parte del proceso nos hemos perdido para darnos cuenta de una estrategia ganadora que año tras año nos hace perder?, ¿Cómo solucionar lo que ni se ve como algo malo? Estas preguntas son las que mueven la investigación de públicos del DACMI, así como muchas mesas de trabajo de las instituciones del cine en Colombia que, por desconocimiento o negligencia, recopilan opiniones de los mismos consumidores de las capitales, aquellos con acceso a salas de cine, horarios de oficina quienes son target de innumerables películas internacionales. Algunas soluciones no se revelan en las respuestas de su target sino en un simple cambio de contexto: si preguntamos a alguien que vive a 2 horas de una sala de cine porque no va a las salas, ¿Cuál será su respuesta?
La centralidad de la sala de cine ha alejado a más de la mitad del país que ni siquiera pueden tomar la decisión de ver o no ver cine colombiano en cartelera. Optimizar la publicidad de las películas o pagar más pautas de prensa para un estreno no puede competir con la dificultad de tomar un bus de 30 mins, agarrar el MIO otros 30 minutos y rezar para que la película no sea larga, dando tiempo a agarrar el bus de vuelta a casa (caso real de vivir en Yumbo). Si menos de la mitad del país no nos da la respuesta para convencerlos de ir a las salas, ¿por qué entonces no pensamos en la otra mitad, más robusta, para convertirlos en nuestra audiencia predilecta?
Si una película colombiana que no tenga un premio en Europa es programada en los peores horarios, sacada de la cartelera tras solo una semana de proyecciones o rechazada rotundamente por los grandes exhibidores, ¿Por qué no vamos a los lugares donde estos no están, para así mostrar el cine que ellos creen menos? un método de exhibición consistente en municipios, pensado con un modelo de negocio más pequeño que una sala de cine de ciudad pero manteniendo la calidad, puede ser una solución para llegar a lugares de 100.000 habitantes donde no llega Hollywood con sus efectos especiales.
Ya hay muestras de que en Colombia si se puede crear salas de cine. Los casos de Marines Films y Cinema Local son una esperanza en la creación de recintos que solo exhiban colombiano. Aprendiendo de ellos y fundando espacios del cine en municipios ya sería lógico preguntarles a las personas cuales son sus géneros favoritos, que tipo de comida les gusta o si alguna vez han visto una película local que no sea el paseo. Cerrando las brechas, permitiendo a más personas acceder a nuestro cine poco a poco podemos convencer a la mitad de Colombia de que el cine hecho en nuestro país es el de ellos, el que les hace pasar un agradable momento en familia y el que puedan recomendar a sus familiares.

Buga, Valle del Cauca – Rooftop Tamarindo en el parque lineal de la basílica – Proyección de Videoclips seleccionados del 3ER FENCINE en 2024.
